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miércoles, 16 de octubre de 2013

"Las nubes" de Azorín

En las nubes, Azorín reinterpreta la historia de Calixto y Melibea, dándole a la obra La Celestina un nuevo final. En su versión, los amantes no mueren, se han casado y viven felices junto a su hija Alisa.

Azorín nos habla, mediante la metáfora de las nubes, del eterno retorno. El tiempo pasa y las cosas se vuelven a repetir. Todo, forma parte de una gran rueda que gira y en las que las situaciones, los momentos y las vivencias vuelven, eternamente, a suceder. Para Azorín, nada tiene principio ni fin, todo vuelve a acontecer en el constante devenir del tiempo.

Que para hablarnos del eterno retorno, utilice a la pareja de enamorados de Calixto y Melibea no es una casualidad y, mucho menos, que su hija vuelva a vivir en el huerto una situación similar a la de ellos. Azorín nos quiere hacer ver que el amor siempre va a estar ahí. Que sean quienes sean los protagonistas siempre van a existir los comienzos de las historias de amor, los besos robados, las charlas eternas, las dudas, etc. Lo que siente Alisa, ya lo ha sentido antes Melibea y lo seguirán sintiendo todas las mujeres que se enamoren por primera vez.

"Calixto lo ve desde el carasol y adivina sus palabras. Unas nubes redondas, blancas, pasan lentamente sobre el cielo azul en la lejanía". Con esta frase final, Azorín nos da a entender que el padre sabe lo que está sucediendo en el huerto, porque él ya lo ha vivido con Melibea.  Las nubes nos hablan de eterno retorno, de momentos y situaciones pasadas que se vuelven a repetir, constantemente, aunque cambien los protagonistas.

Azorín utiliza el amor como reflejo de lo que sintieron Calixto y Melibea, cuando se vieron por primera vez, son sensaciones y sentimientos que los podrán seguir sintiendo una pareja de jóvenes enamorados del siglo XXI. Las nubes son la metáfora que nos recuerda que no existe el presente, el pasado, ni el futuro, si no que todo forma parte de la gran rueda del Universo. Esta gira y nos lleva, continuamente, a vivir las mismas situaciones, los mismos sentimientos, a repetir, una y otra vez, las mismas historias.


martes, 15 de octubre de 2013

"Las nubes" de Azorín


En el artículo Las nubes, Azorín toma como referencia un conocido clásico de Fernando de Rojas,  La Celestina, y le da una dirección completamente diferente, puesto que cambia el final original. Para ello, Azorín utiliza el recurso de la ironía inicial: “Calisto y Melibea se casaron –como sabrá el lector, si ha leído La Celestina”,  ya que en la obra de La Celestina, ambos mueren por diversas circunstancias.

El tema principal del artículo es el eterno retorno, representado por las nubes, y aparece de manera recurrente a lo largo de todo el texto, por ejemplo cuando dice “las nubes nos dan una sensación de inestabilidad y eternidad…Estas nubes que miramos las miraron hace doscientos, quinientos, mil, tres mil años, otros hombres con las mismas pasiones y las mismas ansias que nosotros”. Azorín presenta las nubes como una metáfora de la realidad permanente, frente al cambio constante de las personas.

En segundo lugar, vuelve a recurrir al tema cuando dice: “vivir es ver volver. Es ver volver todo en un retorno perdurable, eterno; ver volver todo –angustias, alegrías, esperanzas- como esas nubes que son siempre distintas y siempre las mismas, como esas nubes fugaces e inmutables”. La idea del eterno retorno se materializa, de nuevo, en el último fragmento del artículo, cuando Calisto ve a su hija Alisa hablar con un adulto. Este hecho refleja exactamente la misma situación, las mismas intenciones e ideas con las que Calisto conquistó a Melibea, pero los protagonistas son otras personas. Por tanto, el autor vuelve a transmitir que todo es permanente excepto el ser humano.

Por otro lado, como tema contrapuesto al eterno retorno, Azorín transmite el paso del tiempo “vivir es ver pasar o en la progresión cuando queremos tener aprisionado el tiempo – en un momento de ventura- vemos que han pasado ya semanas, meses, años”. Asimismo, la rapidez del paso del tiempo se ve reflejada en la fluidez del texto, ya que el autor construye oraciones sencillas y cortas que hacen la lectura más rápida y dinámica. En cambio, con el uso abundante de descripciones, repletas de adjetivos que detallan cada cosa con minuciosidad,  el texto también adquiere lentitud.


Finalmente, desde mi punto de vista, el recurso de cambiar el final a las obras originales, me parece una propuesta interesante para planteársela a los alumnos a partir de tercer ciclo de Primaria. Por ejemplo, les podemos presentar historias breves y que ellos propongan y cambien el final de acuerdo a sus intereses. De esta manera, fomentamos la composición creativa, y conseguimos finales diferentes adaptados a cada lector, así todos ellos quedarán satisfechos con el desenlace. Además, es una buena vía para incrementar la implicación del alumno en la lectura de textos, puesto que si se convierten en creadores, se fijarán más en los detalles de la obra original.

Firmado: Irene Esclapez Sempere